martes, 20 de agosto de 2019

cuidados de enfermeria



Cuidados para favorecer la calidad del sueño:

A pesar de que Enfermería considera que un adecuado reposo es necesario durante la hospitalización, se conoce qué factores son los que afectan principalmente a la calidad del sueño y las consecuencias de que los pacientes no descansen adecuadamente, pero existe poca evidencia, centrada en las unidades de hospitalización, sobre cuáles serían las mejores intervenciones de enfermería para mejorar la calidad del sueño de los pacientes. Según Medina Cordero et al. (2009), para los profesionales de enfermería, los procedimientos que favorecen el sueño son principalmente el control del dolor, seguido del control de los estímulos ambientales, crear un entorno seguro y otras que podrían agruparse como higiene del sueño. El protocolo sobre cuidados para propiciar el reposo y el sueño del enfermo del Hospital Gregorio Marañón (2010) establece que estos procedimientos son: 

 Promover medidas de confort:

a) Adecuar la ropa de cama a las necesidades del paciente. 
b) Vestir al paciente con ropa cómoda. 
c) Cuando el paciente sea dependiente, asegurarse de que esté limpio, seco y sin arrugas en las sábanas. 
d) Colocar a los pacientes adecuadamente para favorecer la relajación muscular, proporcionando dispositivos de apoyo y protegiendo las zonas de presión, asegurándose que el paciente está cómodo si el paciente está consciente y orientado preguntarle directamente)
.e) En pacientes con dolor, administrar la analgesia pautada por el médico, si es posible, 30 minutos antes de acostarse.
 f) En pacientes con problemas respiratorios, administrar los medicamentos broncodilatadores prescritos por el médico, si es posible al menos una hora antes de irse a dormir, si no está contraindicado, y colocar al paciente en una posición que favorezca la ventilación según sus necesidades

  (posición Fowler o semi-Fowler).:


2. Crear un ambiente que haga sentirse al paciente seguro:


 a) Situar la cama en la posición más baja posible, después de la realización de cualquier procedimiento.

 b) Emplear barras laterales si está indicado, o el paciente lo pide

 c) Colocar, si se puede, el timbre de llamada de forma que no se desplace, dejándolo al alcance del paciente (ejemplo: sujetándolo a la almohada o barandilla). 

d) Dejar al alcance de la mano del paciente lo que pueda necesitar durante la noche (luz, servilletas, vaso con agua, botella de orina, etc.).

e) Explicar al paciente portador de sistemas intravenosos, drenajes u otros dispositivos, como moverse y colocarse en la cama para que estos funcionen adecuadamente.





                                                    Tipos de eliminación 

 Eliminación intestinal:

 Mediante la eliminación intestinal se expulsa al exterior las sustancias que no pueden ser reabsorbidas por la sangre y que no son asimilables por el organismo. El conjunto de sustancias que se eliminan constituyen las heces, estas están formadas por residuos alimentarios, secreciones, células descamadas de los intestinos y bacterias. 


Eliminación urinaria:

 La sangre filtra a través del riñón sustancias innecesarias para el organismo tales como la urea, el exceso de agua y electrolitos, glucosa, aminoácidos, ácido úrico Cuidados básicos de enfermería - UJI - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Sapientia108 y creatinina; manteniendo así el equilibrio hidro-electrolítico del cuerpo. Esta sustancia eliminada es la orina.





. Eliminación en la respiración 


A través de la respiración se eliminan productos como el dióxido de carbono y vapor de agua sobrante. En un día, un adulto puede excretar a través de la respiración de 300 a 400 ml de agua. 1.4

. Eliminación en la sudoración:

La sudoración tiene un importante papel en la termorregulación del organismo. Además, a través de ella se eliminan agua, electrolitos (sodio, cloro y potasio) y otros productos de excreción como la urea. Además de ello, cierta cantidad de agua se elimina por difusión a través de la piel (transpiración insensible). Si se mantiene la integridad de la piel, la pérdida diaria de agua pasa desapercibida y oscila alrededor de 500 cc/día. Si se produce pérdida de la continuidad de la piel, como en las quemaduras, estas pérdidas se incrementan considerablemente. 2. Factores que afectan 








 Factores que afectan a la micción:
Numerosos factores afectan a la cantidad y calidad de la orina producida por el cuerpo y la forma en que esta se excreta. 1. Efectos del envejecimiento
a) Disminución de la capacidad de los riñones para concentrar la orina, lo que puede ocasionar nicturia.

b) Disminución del tono muscular vesical, lo que puede reducir la capacidad de la vejiga para retener la orina, ocasionando aumento en la frecuencia de micciones.
c) Disminución de la capacidad contráctil de la vejiga que ocasiona retención urinaria y estasis que incrementan el riesgo de infecciones de vías urinarias.
d) Problemas neuromusculares, problemas articulares degenerativos, alternación en el proceso de pensamiento y debilidad son trastornos que pueden interferir con el control voluntario de la micción y la capacidad para llegar a tiempo al retrete.

 Consumo de alimentos y líquidos:
a) La deshidratación incrementa la reabsorción de líquidos en los riñones ocasionando disminución en la producción de orina, la cual queda más concentrada






Factores que afectan a la eliminación intestinal :
a) Movilidad: el movimiento y ejercicio ayudan a movilizar las heces a través del intestino

 b) Dieta: los alimentos altos en fibras ayudan a conservar el movimiento de las heces por el intestino. Un consumo alto de líquidos contribuye a que las heces no se endurezcan. El líquido adecuado
también ayuda a las fibras a mantener las heces blandas y abultadas, y previene la deshidratación, que es un factor contribuyente del estreñimiento.
c) Medicamentos: los antibióticos y laxantes pueden determinar que las heces sean más blandas y frecuentes. Los diuréticos pueden conducir a desecación, endurecimiento y deposición menos frecuente de heces.

d) Derivaciones intestinales: de manera usual, las ileostomías descargan heces líquidas, de mal olor. Las colostomías suelen evacuar heces pastosas, formadas.


Cuidados básicos de enfermería :

. Manejo del orinal tipo botella La botella es un recipiente ovoideo con una cara plana graduada, para medir su contenido, y un cuello ancho, alargado y más elevado que se emplea para la micción del hombre .Botella. Fuente: Elaboración propia En esta técnica pretendemos facilitar la eliminación urinaria en el paciente varón. Así, aprenderemos a colocar y retirar un dispositivo (en este caso la botella) en el pene del paciente para depositar la orina, cuando el paciente no puede hacer uso por sí mismo del inodoro, debido a limitaciones en la movilidad, enfermedades neurológicas, psiquiátricas, etc. El procedimiento a seguir según la Guía de Actuación de Enfermería: Manual de procedimientos editada por la Conselleria de Sanitat de la Generalitat Valenciana es:

 1. Colocarse los guantes.

2. Preparar el material y trasladarlo a la habitación del paciente.

3. Preservar la intimidad del paciente.

4. Informar al paciente.

 5. Solicitar la colaboración del paciente y familia.

 6. Ayudar al paciente para que adopte una posición adecuada

.7. Colocar empapador si el paciente está encamado.

 8. Proporcionar la botella y, en caso de necesitar ayuda, colocar la botella entre las piernas del paciente e introducir el pene.

9. Retirar la botella al finalizar la micción y llevarla al sitio destinado para su limpieza.

10. Facilitar el papel higiénico o ayudar en la limpieza de los genitales

.11. Ayudar o proporcionar material para higiene de las manos.

12. Dejar al paciente en una posición cómoda y adecuada con acceso fácil al timbre y a sus objetos personales.

13. Verter la orina en el recipiente graduado y medir, si se precisa
.
14. Desechar

15. Realizar limpieza y desinfección de la botella.

16. Recoger el material.

17. Retirarse los guantes.

18. Realizar lavado de mano










Lavarse las manos puede ayudar a prevenir enfermedades. Implica cinco pasos simples y eficaces (mojar, enjabonar, frotar, enjuagar, secar) que puede seguir para reducir la propagación de enfermedades diarreicas y respiratorias, a fin de mantenerse saludable. Lavarse las manos de forma regular, particularmente antes y después de ciertas actividades, es una de las mejores maneras de evitar enfermarse, eliminar los microbios y prevenir transmitirlos a otras personas. Es rápido, simple y puede evitar que cualquiera de nosotros se enferme. Lavarse las manos es ventajoso para todos, excepto para los microbios.
Obtenga más información sobre cuándo y cómo lavarse las manos, la importancia de usar agua y jabón, y qué puede hacer si no cuenta con agua corriente limpia ni jabón. Ya sea que esté en su hogar, en el trabajo, viajando o que ya esté enfermo, infórmese sobre cómo la buena higiene de las manos puede protegerlos a usted, su familia y otras personas. 












Manejo del orinal tipo cuña :

En este apartado aprenderemos a colocar y retirar un dispositivo (cuña) para que la paciente pueda llevar a cabo tanto la eliminación urinaria (mujeres) como fecal, cuando el paciente no puede hacer uso por sí mismo del inodoro, debido a limitaciones en la movilidad, enfermedades neurológicas, psiquiátricas, etc. Así, como objetivos, podríamos delimitar la facilitación de la eliminación fecal y/o La cuña es un recipiente plano cuya parte anterior es muy delgada y que se ensancha por la posterior, donde se sitúa el asa de sujeción. Se usa para la micción de la mujer y la defecación, así como para la higiene genital, tanto del hombre como de la mujer.

  Orinal tipo cuña.

 Fuente: Elaboración propia Esta técnica se trata de un procedimiento muy frecuente en pacientes encamados, ya que permite la micción y defecación en la propia cama cuando el paciente, por motivo de su enfermedad, no puede o no debe levantarse. Se realiza entre una o dos personas, dependiendo del grado de movilidad del paciente

 1. Realizar lavado de manos

 2. Preparar el material y trasladarlo a la habitación del paciente.

 3. Colocarse los guantes. 

4. Preservar la intimidad del paciente.

 5. Informar al paciente. 

6. Solicitar la colaboración del paciente y familia. 

7. Ofrecer la botella si es un varón.



 Medición de la diuresis

 La medición de la diuresis podríamos definirla como la cuantificación y valoración de la cantidad de orina eliminada por el paciente en un periodo de tiempo determinado. Los objetivos pretendidos con esta técnica son dos. Por un lado, deseamos cuantificar la cantidad de orina eliminada por el paciente, pero, además, queremos determinar las características físicas de la orina: color, olor, presencia de sangre u otros elementos anormales.



Procedimiento:

 1. Informar al paciente sobre la necesidad del control de diuresis y explicarle que no realice micciones en el wc, sino que orine en la botella o cuña.
2. Realizar el lavado de manos.

3. Preservar la intimidad del paciente.

4. Solicitar la colaboración del paciente y familia.

5. Colocarse los guantes no estériles.

 6. Verter la orina en el recipiente graduado y medir.

7. Desechar en el wc.

 8. Recoger el material

 9. Retirar los guantes.

10. Realizar el lavado de manos.

11. Registrar en la documentación de enfermería cantidad de orina, aspecto, olor, fecha y hora, incidencias y respuesta del paciente





 Balance del equilibrio de líquidos :

El organismo mantiene un delicado equilibrio hidroelectrolítico y acido-básico. Esta homeostasis depende de varios procesos fisiológicos que regulan la entrada y salida de líquidos, y el desplazamiento del agua y las sustancias disueltas en ella entre los compartimentos del organismo. Casi todas las enfermedades pueden constituir una amenaza para este equilibrio, debido a que las altas temperaturas o una intensa actividad pueden afectar al equilibrio si no se mantiene una correcta ingesta de aguas y sales. El contenido líquido o acuoso del organismo humano es del 40-60 % de su peso total. Además, hay que conocer que la cantidad de agua que tiene el organismo varía con:

a) La edad: El porcentaje de agua desciende con la edad.

b) El sexo: Las mujeres tienen una cantidad de agua inferior que los hombres


De forma general, los líquidos se obtienen a partir del consumo de bebidas (1500 ml) y a partir de los alimentos (1000 ml) principalmente. Pero en caso de hospitalización, la entrada de líquidos también es debida a las perfusiones y deben ser tenidas en cuenta. La cuantificación de las pérdidas insensibles por el organismo también deben ser tenidas en cuenta y estas se generalizan en: la difusión de la piel (350 ml), por la transpiración cutánea (100 ml) y por los pulmones (350 ml) generalmente. Así, el balance del equilibrio de líquidos es un cálculo de suma importancia, por lo tanto conocer cómo realizarlo y su fiel reflejo de enfermería puede ser determinante para ciertas patologías y pacientes. A través del balance del equilibrio de líquidos conoceremos la cantidad de líquidos administrados (ingeridos e intravenosos) y eliminados por el paciente, en un tiempo determinado, para la valoración del equilibrio hidroelectrolítico. 



Procedimiento: 

1. Preservar la intimidad del paciente

2. Informar al paciente.

3. Solicitar la colaboración del paciente y familia

4. Determinar la cantidad, tipo de ingesta de líquidos y los hábitos de eliminación

5. Identificar posibles factores de riesgo de desequilibro de líquidos (hipertermia, terapia diurética, patologías renales, insuficiencia cardíaca, infección, poliuria, diarrea, etc.).

6. Medir y registrar todas las entradas de líquido: con las comidas, con la medicación oral, líquidos parenterales, intravenoso, hemoderivados, etc.

7. Medir y registrar todas las salidas: orina, drenajes, deposiciones líquidas, sudor, vómitos, aspiración gástrica, etc.

8. Pesar al paciente para valorar pérdidas insensibles, si su estado lo permite cada 24 horas.

9. Añadir como salidas las pérdidas insensibles. Estas se calcularán según la siguiente fórmula:

Consideraciones generales en la higiene Es importante remarcar en este cuidado básico, debido a su intimidad, que el enfermero que asiste a los pacientes con actividades básicas de higiene debe respetar las preferencias individuales del paciente y proporcionar sólo las medidas de atención que el paciente no puede proporcionarse a sí mismo. Además, mediante la higiene obtenemos una serie de beneficios para nuestros pacientes, tanto físicos como psicológicos:

Beneficios físicos

: a) Mantener la piel en buen estado para cumplir su función de barrera a través de: § Conservar su integridad, sin lesiones ni heridas. § Mantener su manto ácido y así evitar la contaminación por cualquier microorganismo no habitual. § Facilitar la descamación de células muertas. § Evitar el aumento excesivo de microorganismos. § Facilitar la eliminación de sustancias de deshecho.
 b) Aprovechar el momento de la higiene para valorar el estado de la piel: § Valoración física de la piel: coloración, turgencia, etc. § Vigilar la aparición de indicios de úlceras. § Descubrir precozmente lesiones cutáneas. § Evaluar la evolución de úlceras y lesiones establecidas.



Hacer una cama vacía:

En este apartado vamos a tratar el conjunto de actividades que realiza el personal
de enfermería encaminadas a mantener un correcto aseo e higiene de la cama del
paciente.
Hay que tener en cuenta que hay que preparar la cama en condiciones de higiene
y comodidad para el paciente, evitando arrugas y pliegues en la cama que pueden
llevarnos a ciertas complicaciones en los pacientes encamados.
Procedimiento:
1. Realizar el lavado de manos.

2. Preparar el material y trasladarlo a la habitación

3. Colocarse los guantes.

4. Colocar la cama en posición horizontal.

5. Retirar la ropa de la cama sucia, depositándola en la bolsa de ropa sucia.

6. Colocar la funda de colchón y sobre ella la sábana bajera, extendiéndola y
ajustándola a las cuatro esquinas de forma que no tenga arrugas.

7. Realizar el pliegue en mitra.

8. Extender la sábana encimera, con el dobladillo hacia arriba y plegando las
esquinas inferiores.

9. Colocar colcha y manta siguiendo el mismo procedimiento que la sábana
encimera.





 Hacer una cama ocupada :

Tanto la definición como los objetivos de este procedimiento son exactamente los mismos que los del procedimiento anterior, pero, esta vez, tendremos en cuenta que el paciente encamado no podrá, por diversos motivos, levantarse de la cama y hay que realizar dicho procedimiento con el paciente en la cama. Para ello: Procedimiento:
1. Realizar el lavado de manos.
 2. Preparar el material y trasladarlo a la habitación del paciente
 3. Preservar la intimidad del paciente
 4. Informar al paciente para obtener su colaboración y consentimiento.
 5. Realizar la técnica lo menos lesivamente posible. 6. Mantener una temperatura adecuada 25-26 ºC. 7. Evitar corrientes de aire.
 8. Proteger al paciente de las caídas.
 9. Colocarse los guantes.
10. Colocar la cama en posición horizontal (si el paciente lo tolera) y retirar las almohadas.




















Movilizar al paciente hacia el cabecero de la cama:


 Es frecuente que los pacientes se deslicen hacia los pies de la cama, sobre todo si están en determinadas posiciones que favorecen este movimiento, como lo es la posición de Fowler. Para volver a colocar al paciente en una posición adecuada, hay que seguir los siguientes pasos: Paciente que colabora:
1. Seguir los aspectos generales de movilización de pacientes.

2. Colocar la cama en horizontal si no hay contraindicaciones.

3. Retirar la almohada y colocarla en posición vertical en el cabecero, para evitar que el paciente se golpee en la cabeza, si se realiza el movimiento con mucho ímpetu
.
4. Pedirle al paciente que flexione las rodillas apoyando los pies en la cama y que, si es posible, coloque las manos en el cabecero de la cama Con la espalda recta, pasar el brazo más próximo al cabecero por debajo de los hombros, sujetando el cuello del paciente, y el otro por debajo del hombro del paciente más próximo a nosotros, mientras el paciente se sujeta a nuestro hombro con ese mismo brazo pasándolo bajo nuestra axila. Tendremos las piernas flexionadas y realizaremos el movimiento cambiando el peso de la pierna de atrás, que tendrá el pie en dirección a la cama, a la pierna de delante, que tendrá el pie en dirección al movimiento.
 6. Pactar con el paciente una señal para realizar el movimiento, como por ejemplo contar hasta tres. Tras la señal, el paciente levantará la cadera apoyando con fuerza los pies y tirará de los brazos hacia arriba, mientras nosotros le ayudamos con el movimiento hacia el cabecero

. 7. Colocar la almohada bajo la cabeza del paciente y ordenar la ropa de cama

. 8. Anotar la técnica y sus incidencias en la hoja de registro correspondiente. Paciente que no colabora:

si el paciente no colabora, :}

la técnica puede hacerse de dos formas, siempre con dos personas:
1. Seguir los tres pasos de la técnica anterior.

2. Una persona se situará a cada lado de la cama, en la misma posición de movimiento que en la
técnica anterior, o bien cada uno con un brazo bajo los hombros y el otro bajo la cadera del paciente. Existen dos posibilidades de realizar esta técnica: Posibilidad A, sin entremetida: 1. Si el paciente no puede por sí mismo, flexionarle las rodillas apoyando los pies en la cama, para no tener :
que arrastrarlas en la movilización y reducir el rozamiento y el esfuerzo.

2. Cada persona pasará un brazo por debajo de los hombros para sujetar el cuello del paciente y el otro bajo la cadera, como en la técnica anterior.

3. Pactar una señal para coordinar el movimiento entre las dos personas y desplazar al paciente hacia arriba, hasta la posición adecuada, con un movimiento igual a la técnica anterior.


Posibilidad B
, con entremetida:
1. Pasar bajo la espalda del paciente una entremetida que abarque desde la cabeza hasta los muslos.

2. Sujetar firmemente la entremetida por los extremos, lo más próximo posible al paciente.

3. A la señal pactada, tirar de la entremetida hasta colocar al paciente en la posición adecuada con un movimiento igual a la técnica anterior.


 Movilizar a un paciente al borde de la cama :
En ciertas situaciones, y muchas veces como paso previo a otras movilizaciones, es necesario mover a los pacientes hasta el borde de la cama. Para realizar esta parte de la movilización de un paciente podemos encontrarnos con los diferentes tipos de paciente, en función del grado de dependencia que se ha expuesto anteriormente, en base a ello realizaremos los procedimientos siguientes (figura 14). Figura 14. Paciente al borde de la cama. Fuente: Elaboración propia

Paciente que colabora :
1. Seguir las indicaciones generales de las técnicas de movilización de pacientes.

2. Situarse al lado del paciente hacia donde lo vamos a mover.
3
. Adelantar una pierna haciendo tope con la cama para evitar una caída si el paciente se pasa de brusquedad en el movimiento.

4. Pasar los brazos en la misma posición que para subirlo hacia el cabecero.

5. Pedirle al paciente que apoye los pies en la cama para realizar el movimiento.
6. Pactar una señal para iniciar el movimiento y, en ese momento, con la ayuda del paciente, traerlo hacia nosotros cambiando el peso de la pierna más adelantada a la de atrás, para realizar el movimiento con las piernas y no con la espalda.







Paciente que no colabora y una sola persona La técnica es igual a la del paciente que colabora, pero al tener que realizar nosotros todo el esfuerzo la haremos en tres tiempos para repartir la carga en cada movimiento y reducir el riesgo de lesión.
 1. Seguir las indicaciones generales de las técnicas de movilización de pacientes.
2. Primero pasaremos los brazos debajo de las piernas, haciendo tracción con estas hasta el borde de la cama
 3. En segundo lugar, pasaremos los brazos debajo de la cadera y moveremos esta, alineándola con las piernas
. 4. Por último, pasaremos ambos brazos debajo de la espalda, el cuello y los hombros del paciente y moveremos la cabeza y el tórax, hasta dejar al paciente alineado en el lado de la cama elegido. Este método de tres tiempos es más cómodo que el método clásico de dos tiempos (cabeza y tórax primero, y cadera y piernas después). Además, resulta más seguro al cargar menos peso en cada fase y dejar para el final el tórax, pues este permanece en el centro de la cama hasta el final. Todo ello, sin suponer apenas pérdida de tiempo.

. Paciente que no colabora y dos personas:

 La técnica es igual a la de mover el paciente al cabecero de la cama, tanto con entremetida como sin ella, pero en lugar de mover el paciente hacia arriba, se le mueve hacia el lado elegido. La persona que tira hacia sí del paciente fijará al borde de la cama la rodilla de la pierna adelantada, para evitar accidentes y que el paciente se caiga. 4.3. Movilizar a un paciente de decúbito supino a decúbito lateral Este cambio de posición de un paciente es uno de los procedimientos más usados en la práctica hospitalaria. Para realizar esta técnica, vamos a tener que mover al paciente al borde de la cama del lado contrario al que le vamos a girar, de forma que, al finalizar la movilización, este quede en el centro de la cama y no haya riesgo de caída. Aun así, es imprescindible colocar la barandilla de la cama antes de dejar al paciente en esta posición.  Para realizar esta técnica, apenas hay diferencia entre que el paciente colabore o no, pues no se trata de arrastrar al paciente sino de hacerle rodar sobre sí mismo. Por tanto, la única diferencia estriba en que, si el paciente colabora, puede apoyarse en nuestro hombro para ayudar en el movimient


Técnica con una sola persona:


 1. Seguir los pasos generales de movilización de pacientes.


 2. Retirar la ropa de la cama sin descubrir al enfermo.

 3. Mover al paciente al lado contrario al que se le va a girar, según la técnica descrita anteriormente y dejar puesta la barandilla de ese lado, antes de cambiar de lado de la cama para realizar el giro, para evitar accidentes.

 4. Situarnos al lado de la cama en el que vamos a girar al paciente.

 5. Separar ligeramente el brazo del paciente que luego quedará en la parte inferior, para que no quede bajo el cuerpo al realizar el movimiento. Cruzar el brazo contrario sobre el tórax del paciente.


 6. Estirar la pierna más cercana a nosotros y flexionar la pierna más alejada o bien cruzarla sobre la otra.

7. Colocarnos con una pierna más adelantada que otra y, con la espalda recta, situar una mano por detrás del hombro más lejano y la otra detrás de la cadera más lejana.

8. Manteniendo la espalda recta, y mediante un cambio de peso de nuestra pierna más próxima a la cama a la pierna más alejada, girar con suavidad al paciente hacia nosotros, teniendo en cuenta que no debe quedar muy cercano al borde de la cama, para evitar que se caiga al realizar algún movimiento.


 9. Colocar la barandilla de la cama.

10. Si la movilización se realiza para un cambio postural, pedirle al paciente que se agarre a la barandilla mientras colocamos las almohadas, según se vio en el apartado de posiciones de pacientes encamados.

 11. Si el hombro inferior del paciente queda debajo del cuerpo, tirar ligeramente de él para sacarlo un poco sin deshacer la postura.

 12. Arreglar la cama y registrar la técnica.


.Técnica con dos personas sin entremetida

: La técnica es exactamente igual, pero la segunda persona ayuda en el movimiento desde el otro lado de la cama y coloca los apoyos y almohadas, mientras la primera persona mantiene la postura si el paciente no puede colaborar.

. La hospitalización y su repercusión en el sueño :

La hospitalización supone en sí misma una alteración de los ritmos circadianos, asociándose a una alteración de un sueño que no es protector ni reparador. La calidad del sueño influye en una mejor y rápida recuperación de la causa que motiva los ingresos hospitalarios (Aguilera, Díaz y Sánchez, 2012). La alteración del sueño en los pacientes hospitalizados tiene consecuencias psicológicas y físicas, tal y como han observado Young et al. (2008) en su trabajo. Por una parte, puede aumentar los niveles de ansiedad, modificando el estado de ánimo y el humor, e incluso provocar delirium. Por otra parte, puede elevar la tensión arterial, alterar la ventilación, el sistema inmunitario o la diabetes mellitus. Además, las alteraciones del sueño se asocian a un mayor riesgo de caídas en el anciano (Stone et al., 2008) y peor calidad de vida (Léger et al., 2012). Los pacientes hospitalizados son más propensos que la población general a padecer trastornos del sueño, principalmente el insomnio agudo (dificultad para iniciar   y mantener el sueño). Mientas que la prevalencia de insomnio en la población general oscila entre el 10 y el 30 %, Vico-Romero et al. (2014), han observado una prevalencia global de insomnio del 42 % al estudiar una muestra de 299 pacientes en el Hospital de Mataró, coincidiendo con los resultados obtenidos en otros estudios internacionales, en los que la prevalencia de insomnio oscila entre 30 y 45 % (Venlateshiah y Collop, 2012; Meissner et al., 1998), pudiendo aumentar en determinadas patologías como los accidentes cerebro-vasculares hasta el 78 % (Pasic et al., 2011). En este punto, cabe preguntarse qué factores son lo que alteran el sueño de los pacientes ingresados en los hospitales. 2.3. Factores que influyen en la calidad del sueño durante la hospitalización Existen varios estudios que han tratado de conocer qué factores son lo que realmente más afectan a la calidad del sueño en los pacientes hospitalizados. De acuerdo con Aguilera, Díaz y Sánchez (2009), podemos resumirlos del siguiente modo:

 a) La existencia de una patología previa de sueño.

b) El consumo habitual de sedantes.

c) El nivel de ansiedad de los pacientes durante la hospitalización.

d) Variables ambientales en la sala de atención, entre los que se encuentran ruidos molestos, iluminación inadecuada, falta de comodidad del inmobiliario, etc.

e) La causa de la hospitalización que incide en la presencia de alteraciones del sueño, especialmente en aquellas patologías que se cursan con dolor desde moderado a severo. Otros estudios realizados por profesionales de enfermería añaden a esta lista otros factores como la presencia de pirosis o reflujo gastroesofágico, incapacidad funcional al ingreso y sensación de sobrecarga para el cuidador, que provocan elevados niveles de angustia (Vico-Romero et al., 2014). Albella Vallverdú et al. (2013) encontraron que el 43,2 % de pacientes que eran portadores de algún tipo de dispositivo presentaban bastantes o muchas molestias para dormir, además de que al 12,4 % le habían despertado las enfermeras durante su actividad, presentando dificultades para volverse a dormir el 53,1 %. Los factores que afectan a la calidad del sueño durante la hospitalización también se han estudiado desde la perspectiva de los profesionales en nuestro entorno (Medina Cordero, Feria Lorenzo y Oscoz Muñoa, 2009), coincidiendo en gran parte con los factores reportados por los pacientes (tabla 9). Parece evidente que durante la hospitalización, los pacientes se ven sometidos a nuevas reglas y horarios, que pueden no coincidir con los de su reloj biológico, sin olvidar que no están allí voluntariamente, sino por una enfermedad o problema de salud que les genera ansiedad, en el mejor de los casos. Pitmos de trabajo, las condiciones de la habitación, los compañeros de habitación, las visitas de familiares, etc., son factores con un elevado potencial para alterar el ritmo de vigilia-descanso y la calidad del sueño. El profesional de enfermería debe minimizar dichos factores para que los pacientes no modifiquen su patrón habitual de sueño y de esta manera facilitar el descanso nocturno.


. Valoración del sueño:
 En el caso de las unidades de hospitalización, la valoración de la calidad del sueño permitirá a los profesionales de enfermería detectar qué pacientes no descansan de forma adecuada y qué factores son los que alteran la calidad del sueño, para establecer intervenciones en ese sentido. Es importante tener presente que hay mucha variabilidad en las necesidades de sueño y descanso entre las personas. La valoración de la calidad del sueño puede realizarse de forma subjetiva, a través de la entrevista con el paciente, la observación de determinados signos y síntomas y el uso de índices o cuestionarios; o bien de forma objetiva, a través de pruebas diagnósticas más complejas, como la polisomnografía, que se realizan por indicación médica.
a) Entrevista, signos y síntomas y escalas para valorar la calidad del sueño Durante la entrevista con el paciente podemos obtener información muy relevante sobre su estado de ánimo, nivel de descanso o calidad del sueño. Para ello, es necesario que se orienten las preguntas de la entrevista hacia (Bello, 2010):
1. La cantidad y calidad del sueño y del descanso deben evaluarse sobre la base de: a) Edad.
b) Los patrones usuales de descanso y sueño y su posible modificación durante el ingreso hospitalario: i. Cantidad de horas, tiempo de conciliación, siestas diurnas, despertares nocturnos y posibilidad de conciliar el sueño nuevamente
. ii. Calidad del sueño y si está deteriorada, pesadillas, uso de medios para facilitar el sueño (lectura, radio, etc.). iii. Condiciones del entorno que dificultan el sueño (ruido, iluminación, temperatura, adaptación de la cama, colchón, almohada o ropa).
 c) El estado de salud: i. Esta información también puede obtenerse de la historia clínica. Problemas de incontinencia, hipertiroidismo, trastornos del sueño previos, enfermedades de salud mental, consumos de sustancias (tabaco, alcohol, drogas) o medicación que puede alterar el ciclo del sueño (tabla 10). d) El nivel de tensión actual
. i. Nivel de ansiedad. ii. Nivel de dolor.
i
ii. Problemas familiares, preocupación por la enfermedad o por los procedimientos a realizar, miedo por el desenlace, etc. Esta información debe obtenerse con cautela, ya que puede estar relacionada con aspectos personales o familiares del paciente.

































































































































CUIDADOS DE ENFERMERÍA

Cuidados básicos en la movilidad

 Introducción:


 La capacidad de moverse tiene estrecha relación con la satisfacción del resto de las necesidades humanas básicas. El ejercicio regular contribuye al funcionamiento saludable de cada sistema corporal. Por el contrario, la falta de ejercicio y la inmovilidad afectan en forma negativa todos los aparatos y sistemas. De esta forma, la enfermería debe favorecer la actividad y el ejercicio para brindar el bienestar, prevenir la enfermedad y restablecer la salud. En este apartado trataremos varios puntos referentes a la movilidad de los pacientes. En primer lugar y antes de iniciar la manipulación de pacientes trataremos de nuestra propia higiene postural, debido a que la carencia de la misma o la inadecuación de nuestros movimientos provoca, a largo plazo, un malestar que es causa de incapacidades temporales y dificultades que acarrean problemas no sólo en nuestra vida profesional, sino también personal. Tras tratar este apartado, describiremos las posiciones más frecuentes de los pacientes encamados, su movilización (tanto si son parcialmente dependientes, como si son totalmente dependientes) y cómo realizar transferencias de un paciente. Además, debemos tener en cuenta de que todo ello se encuentra englobado dentro del marco propio de la seguridad del propio paciente y, por supuesto, entre otras cosas, está dirigido a prevenir las úlceras por presión o úlceras por decúbito. 1. Higiene postural La higiene es la rama de la medicina que tiene por objeto la conservación de la salud y la prevención de enfermedades. La higiene postural es el estudio de la profilaxis y de la corrección de las posturas incorrectas en las actividades (cotidianas y profesionales) del individuo. Analiza las posturas habituales, tales como estar sentado frente al ordenador, estudiando o cualquier otra postura que se mantenga durante largos períodos de tiempo, y dicta una serie de normas que debemos adoptar para que esa postura no nos produzca fatiga ni lesiones. El personal de enfermería, en su trabajo diario, tiene que manipular cargas con bastante frecuencia o movilizar enfermos. Estas cargas suponen un riesgo de lesiones dorso-lumbares muy elevado si no se realizan correctamente. La manipulación manual de toda carga que pese más de tres kilos puede suponer riesgo dorso-lumbar, puesto que, aunque parezca una carga pequeña, manipulada con unas malas condiciones ergonómicas (alejada del cuerpo, con giros de tronco, con un centro de gravedad desplazado o poco estable, etc.), podría generar un impacto que hay que evitar. La mecánica corporal es el uso apropiado de nuestro sistema músculo-esquelético con el fin de evitar lesiones, al realizar las actividades profesionales o de nuestra vida diaria. Esta mecánica corporal tiene unas normas o recomendaciones cuyo fin es evitar la fatiga y las lesiones a corto y largo plazo y está relacionada, sobre todo, con el ámbito labora









La espalda :

 La columna vertebral Entre las funciones que realiza la columna vertebral encontramos que: sirve como elemento de sostén para el cráneo; proporciona protección a la médula espinal; permite desplazarse en posición de pie sin perder el equilibrio, por lo tanto, proporciona estabilidad; y da flexibilidad a los movimientos, permitiendo que sean en todas direcciones. Anatómicamente, conocemos que la columna está compuesta por: 7 vértebras cervicales, 12 torácicas, 5 vértebras lumbares, el sacro y el coxis. Entre las vértebras se encuentran los discos intervertebrales que le dan mayor flexibilidad. Por último, como característica, de frente la columna aparenta ser rectilínea, pero vista desde un eje lateral se aprecian sus curvaturas. Estas curvaturas normales o fisiológicas del eje cráneo-cauda
a) Lordosis cervical
b)Cifosis dorsal
c) Lordosis lumbar
d) Curva sacra


Vértebras y articulaciones vertebrales

 Todas las vértebras, estructuralmente, están formadas por dos elementos básicos: cuerpo vertebral y sus apófisis. Las apófisis son las prolongaciones óseas que forman articulaciones entre las diferentes vértebras y permiten su movimiento. Las vértebras se articulan unas con otras y ello permite el movimiento, pero debemos saber que no todas las articulaciones vertebrales tienen la misma movilidad, ya que las vértebras torácicas o dorsales son menos móviles. Las articulaciones entre las vértebras lumbares permiten movimientos más amplios, exceptuando el que se produce hacia atrás, que es más limitad

Las vértebras soportan dos terceras partes del peso del cuerpo y sobre ellas recae gran parte de los movimientos que realizamos. Así, los cuidadores tienen que proteger esta zona para prevenir las lumbalgias, dado que esta lesión puede llegar a ser muy incapacitante. Todas estas articulaciones están recubiertas de ligamentos que las protegen y fijan dando estabilidad.

El disco intervertebral:


 El disco invertebrada se sitúa entre los cuerpos vertebrales, amortiguando las presiones que recaen sobre la columna. Tiene la forma de almohadilla y está formado por cartílago, y en su centro se encuentra el núcleo que amortigua las presiones. Su desplazamiento o salida puede provocar hernias fiscales


.La postura :
Es la forma en que cada uno coloca su cuerpo y lo mantiene para que no caiga por la atracción de la gravedad. La postura corporal correcta sería aquella en la que se cumplen una serie de normas que aseguran una buena distribución del peso del cuerpo y que facilitan el esfuerzo de los músculos, para sostenerlo o para realizar una acción. La postura corporal deficiente puede desencadenarse por una mala colocación, al trasladar a la persona en situación de dependencia, también por la colocación incorrecta en las propias tareas del día a día. Las malas posturas corporales están relacionadas con la aparición del dolor de espalda y también con dolores y molestias de las articulaciones de las extremidades. El entorno psicosocial en que se desarrolla la actividad también influye en la postura. Existe una interrelación entre la postura y el estado psíquico individual, el estrés, y la percepción del dolor y de la fatiga. Además, las alteraciones posturales pueden estar provocadas por los elementos del entorno cuando están mal situados (silla, mesa...), son inadecuados (temperatura ambiental, luminosidad...), la falta de ergonomía, y todo ello obliga a forzar o modificar las condiciones biomecánicas correctas









Normas biomecánicas

 son normas básicas en las que el cuidador se debe basar para la realización de las movilizaciones y transferencias de la persona en situación de dependencia y en las actividades de la vida diaria, tanto las propias y como las de la persona a la que ayuda. Se pueden resumir estas normas biomecánicas en: a) Planificar el trabajo a realizar y la distancia a recorrer si estuviésemos cargando una carga. b) Despejar el camino a recorrer, si lo hubiera.


c) Colocar bien los pies: apoyados firmemente en el suelo, de manera estable, separados ligeramente uno de otro y más adelantado el pie en dirección al movimiento.

d) Mantener la espalda recta.

e) Flexionar las piernas.

f) Aproximar el cuerpo de la persona a la que se está ayudando. Cuando hay que mover a una persona en situación de dependencia, se debe mantener su cuerpo muy cerca del propio cuerpo, así se reparte mejor la carga.

g) Seguridad en el agarre. El cuidador debe sujetar firmemente a la persona en situación de dependencia para evitar caídas.

 h) Ampliar la base de sustentación del cuidador. Los pies de la persona que ayuda deben estar separados para aumentar el equilibrio, dirigiendo una de las puntas de los pies en la dirección del movimiento y la otra ligeramente flexionada para realizar el desplazamiento con las piernas y no forzar la espalda.

i) Sincronizar movimientos. Se debe crear un contrapeso al trasladar a la persona, realizando los movimientos al mismo tiempo, persona en situación de dependencia y persona cuidadora. Así se reduce su peso a menos de la mitad.





 Higiene postural en la vida diaria Mantener una adecuada higiene postural en la vida cotidiana y en el trabajo es adecuado para evitar problemas de salud relacionados. En este apartado veremos cómo hacerlo a través de actividades de la vida cotidiana: 1. Levantarse de la cama: Cualquier persona que todavía conserva cierta independencia en esta tarea debería considerar las siguientes normas.
a) Nunca sentarse directamente en la cama
b) Colóquese de lado lo más cerca posible del borde de la cama.
c) Saque las piernas fuera de la cama, a la vez que con ayuda del codo que queda más cercano al canto de la cama se apoya para ayudar a incorporar el tronco.
d) Con ayuda del otro brazo terminar de incorporar el tronco hasta quedar sentado en el borde de la cama. 
e) Para las personas en situación de dependencia en ocasiones es necesario hacerlo despacio o esperar unos minutos antes de levantarse para evitar mareos y posibles caídas.

 Aseo personal: 

Se debe evitar la inclinación de tronco hacia delante con extensión de rodillas, ya que esta postura resulta muy perjudicial para la espalda, para ello:

a) Frente al lavabo, si se necesita inclinarse hacia delante, mantenga siempre las rodillas algo flexionadas a la vez que una de las piernas está por delante de la otra (en posición de dar un paso). Además, puede ir alternando una pierna con otra.

b) Mientras dure el aseo en el lavabo: se puede apoyar la

c) Si se está duchando: mantenga la espalda recta, sin inclinación hacia delante y flexione ligeramente las rodillas, mirando hacia el lugar donde está colocada la ducha. Así evitará una hiperlordosis en la columna vertebral.

d) Lavarse la cabeza: si lo hace mientras se ducha puede estar forzando su columna. Lo correcto para lavarla sería hacerlo fuera de la bañera, de rodillas e introduciendo la cabeza en ella. Pero esta posición no pueden realizarla muchas personas a determinadas edades, entonces el lavado de cabeza será mejor hacerlo dentro de la bañera con una pierna más adelantada que la otra y siempre manteniendo la espalda lo más recta posible, sin sobrecargarla. 3. Vestido: A la hora de vestirse se intentarán evitar los desequilibrios. Para ello, no se vista la parte inferior de pie y sin apoyo en la columna. Podría caerse.
 a) La mejor posición para el vestido de la parte inferior es sentado y luego, levantarse para acabar de colocar la prenda.
b) Si no existe la posibilidad de una silla en la habitación donde se viste, puede hacerse estando sentado en la cama, pero si tiene una buena estabilidad y equilibrio.
c) Cuando se está de pie hay que buscar un apoyo fijo para su espalda, como la pared. Esto evitará que se incline la espalda hacia delante sobrecargándola. 4
. Cómo permanecer sentado: 
Es una de las posturas más frecuentes de la vida diaria. Hay que tener en cuenta que se requiere de un mobiliario adecuado para poder tener una correcta posición en esta postura. La altura de la silla debe ser lo suficientemente baja como para poder apoyar los pies en el suelo; el respaldo debe dejar apoyar correctamente la zona lumbar, ya que esta zona es la que más suele sufrir si se está mal sentado; por último, la silla debería tener reposabrazos para apoyar y ayudar a mantener la posición. La forma correcta para permanecer sentado sería:
 a) Siéntese lo más atrás posible, apoyando la espalda contra el respaldo.
 b) Evite realizar torsiones sobre la columna. No gire los hombros sin dejar que giren en el mismo sentido las caderas. A veces, desde sentado se quieren coger cosas que están al lado. Si para cogerlas se hace torsión de la columna, se favorece la aparición de lesiones que pueden provocar la aparición de dolor.
c) Evite las posturas prolongadas. Vaya cambiando de postura, ande cada 50 minutos para evitar lesiones en la zona glútea y sacra.

. Cómo cargar pesos: 

No se debe inclinar el tronco con las piernas en extensión, ni girar con el peso separado de su cuerpo. Además: a) Mantenga la espalda recta.

b) Flexione las rodillas y caderas.

 c) Sujete a la persona o el peso que esté transfiriendo lo más cerca posible de su cuerpo.
d) Mientras realiza el esfuerzo de elevación del peso, pase sus piernas de flexión a extensión. Evite         realizar este esfuerzo con la espalda inclinada hacia delante.
 e) No eleve el peso que transporte por encima del pecho.

 f) Traslade a la persona lo más cerca posible de su cuerpo, desplazándose usted con las rodillas ligeramente flexionadas para no sobrecargar la columna.









. Posiciones de los pacientes encamados 

Los pacientes que están encamados pueden adoptar diversas posiciones en función de si se trata de parte de un plan de cambios posturales, de realizar alguna de las diversas técnicas de exploración médica que se pueden llevar a cabo, de facilitar intervenciones quirúrgicas o, simplemente, de buscar la mayor comodidad posible para el paciente. Las posiciones más habituales en las que podemos colocar a un paciente se han dividido clásicamente en no quirúrgicas y quirúrgicas, aunque en cualquiera de ellas se pueden realizar determinadas técnicas quirúrgicas.
 . Posiciones para estancia en la cama

y cambios posturales no quirúrgicos Estas posiciones, aunque se pueden usar para técnicas quirúrgicas y exploraciones, se emplean habitualmente para la estancia del paciente en la cama durante largos períodos de tiempo. Para ello se intenta planificar un plan de cuidados en el que se procura que la presión producida en ciertos puntos, debido a la postura, no llegue a producir lesiones. Además, se busca el mayor confort para el paciente. Todo ello es lo que se conoce como plan de cambios posturales. Estos cambios deben ser planificados por el equipo de enfermería siguiendo las necesidades del paciente y teniendo en cuenta las limitaciones propias de su patología. El objetivo fundamental del plan de cambios posturales es limitar el tiempo que una zona concreta del cuerpo se encuentra comprimida debido al peso del propio cuerpo, pues esta presión produce una reducción de la circulación sanguínea y, por lo tanto, anoxia en los tejidos, facilitando la aparición de necrosis hística y úlceras. El tiempo aconsejado para que un paciente esté en una misma posición es de dos o tres horas como máximo, para evitar las posibles complicaciones nombradas. Este será el tiempo que tendremos en cuenta a la hora de planificar un plan de cambios posturales.
.
Decúbito supino o dorsal:

 En esta posición el paciente está acostado sobre su espalda, los miembros extendidos en una posición cómoda y con las manos en pronación.










En el caso de un plan de cambios posturales:
en el que el paciente pase en la misma posición un tiempo prolongado, se pueden poner apoyos y descargas para conseguir una buena alineación corporal y reducir la presión en zonas de riesgo. Para estos apoyos, normalmente, se hará uso de almohadas y toallas, las cuales en esta posición se dispondrán en:
a) Una almohada debajo de cuello y de los hombros, para evitar la hiperextensión del cuello y reducir la presión en la zona occipital.

b) Una pequeña almohada o toalla enrollada en la zona lumbar para decargar la zona y mantener la curvatura lumbar.

c) Una toalla enrollada debajo del borde de las caderas y los muslos, para evitar la rotación externa del fémur.

d) Una pequeña almohada debajo del hueco poplíteo, para disminuir la tensión en las piernas

.
 e) Una pequeña almohada, debaja del tercio inferior de las piernas, para evitar la presión en los talones.

f) Un tope en la planta de los pies para mantenerlos en posición fisiológica (90º) y evitar así el pie equino. Esta posición está indicada: como posición de encamado; como parte de un plan de cambios posturales; para la exploración del tórax, abdomen y miembros; y en postoperatorios






Decúbito lateral derecho o izquierdo:

 El paciente está acostado sobre un lateral; la pierna inferior está extendida y la superior ligeramente adelantada y flexionada; el hombro inferior levemente adelantado, para que no se cargue el peso sobre él, y con el brazo extendido o flexionado; por último, el brazo superior adelantado y en flexión para que no apoye sobre el tórax.Como apoyos y descargas se pondrían:
 a) Una almohada debajo de la cabeza, para mantenerla alineada.

b) Una almohada doblada debajo del brazo superior para mantenerlo alineado y fuera del tórax.

 c) Una almohada en la espalda para mantener la alineación del cuerpo.

 d) Una almohada debajo de la pierna superior para mantenerla alineada. Esta posición está recomendada como posición de encamado y como parte de un plan de cambios posturales; para la administración de enemas (decúbito lateral izquierdo) y medicaciones vía rectal; para la higiene del paciente encamado; para hacer la cama estando ocupada; y para fisioterapia respiratoria







Decúbito prono o ventral :

El paciente está tumbado sobre su tórax y abdomen con la cabeza hacia un lado y las piernas estiradas. Los brazos pueden estar estirados a lo largo del cuerpo o flexionados por los codos con las palmas de las manos hacia abajo. Como apoyo y descargas se colocan:
 a) Una almohada debajo de la cabeza y de los hombros para disminuir la presión en la cara y en el tórax, facilitando la respiración y disminuyendo la presión en las mamas en el caso de mujeres.
b) Una almohada debajo de las caderas y el abdomen, para alinear la columna, disminuyendo la curvatura lumbar.

c) Un pequeño cojín debajo del tercio inferior de los muslos para disminuir la presión en las rodillas. Una almohada debajo de los tobillos para evitar el pie equino. Aunque esta postura no es muy habitual verla en el ámbito hospitalario, se debe conocer que esta postura está indicada como parte de un plan de cambios posturales; en la cirugía dorsal; en exploraciones de espalda y para proporcionar masajes.  Sims, semiprona o posición inglesa Es una posición intermedia entre el decúbito lateral y el decúbito prono en la que el paciente está tumbado a unos 45º entre estas dos posturas y se apoya sobre el lateral del tórax y la parte anterior de la cadera. El brazo inferior se encuentra extendido hacia atrás con la palma de la mano hacia arriba, y el brazo superior en flexión con la palma de la mano hacia delante y ligeramente separado del cuerpo. La pierna inferior está estirada o en ligera flexión y la pierna superior en flexión más adelantada que la inferior

. Como apoyos y descargar:

 se colocan:

 a) Una almohada debajo de la cabeza para que el cuello esté perfectamente alineado.

b) Una almohada debajo del hombro y el brazo superior, para que el tórax no se vaya hacia prono y el brazo esté alineado con el cuerpo.

c) Una almohada debajo de la cadera y la pierna superior, para que la cadera no descienda hacia prono y la pierna superior esté alineada. Se recomienda usar esta posición en pacientes inconscientes, dado que se considera la posición de seguridad; para la administración de medicamentos vía rectal; para el sondaje y examen rectal y como parte de un plan de cambios posturales.

Fowler:

El paciente se encuentra en decúbito supino con la cabecera de la cama elevada a 45º, los brazos pueden estar sobre el abdomen o a los lados, encima de una almohada, y las piernas extendidas en ligera flexión. Esta es la posición en la que el paciente pasa la mayor parte del tiempo si no hay contraindicación.
Como apoyos y descargas se colocan:
a) Una almohada debajo de la cabeza para aumentar la comodidad del paciente

b) Un cojín debajo de cada brazo para que estén ligermente elevados y reducir así la tensión en los hombros, evitando los edemas.

c) Una almohada debajo de las rodillas para disminuir la tensión en los músculos de la pierna. Esta posición está indicada en pacientes con problemas respiratorios o cardíacos, ya que favorece la ventilación; o como parte de un plan de cambios posturales, para que el paciente pueda comer, beber, leer, etc.; también para exploraciones de tórax o cara; y para la administración de medicación por vía oral






Posiciones de exploración,:


tratamientos médicos o quirúrgicos Las posiciones quirúrgicas se emplean fundamentalmente para exploraciones médicas o para facilitar el acceso quirúrgico, nunca como parte de un plan de cambios posturales. Por lo tanto, una vez terminada la exploración, se deberá posicionar al paciente en cualquiera de las posiciones vistas anteriormente. Puesto que la tensión y la presión realizadas se producen durante un corto período de tiempo, no hay riesgo de que se produzcan lesiones, por lo que habitualmente no es necesario utilizar almohadas en estas posiciones. Las posiciones que pasaremos a tratar son ginecológica o de litotomía, Trendelenburg, anti-Trendelenburg, genupectoral, Roser o Proetz y posición para punción lumbar. P











Anti-Tredelenburg, Trendelenburg:

inversa o de Morestin En esta posición el paciente se sitúa en decúbito supino, en un plano inclinado, con la cabeza más alta que los pies, es decir, con la posición contraria al Trendelenburg. Esta posición está indicada para evitar problemas de reflujo gástrico; en pacientes con problemas respiratorios en los que no pueda usarse la posición Fowler y en ciertas intervenciones


 Posición de Kraske :

Es una modificación de la posición prona. La mesa quirúrgica se flexiona en un ángulo que puede ser moderado o severo, según el abordaje quirúrgico que sea necesario. Hay que almohadillar muy bien las zonas de la cresta ilíaca y la cadera, ya que la mesa se angula en dicha zona. Esta posición se utiliza para procedimientos quirúrgicos en la zona rectal y coccígea. Debido a la postura descendente se produce un estancamiento venoso de la zona cefálica y caudal. Por ello, es muy importante regresar al paciente a la posición horizontal, de esta forma se evitarán problemas secundarios. 2.2.13. Posición renal

Una variante de la posición lateral es la posición renal. El paciente se coloca en posición lateral, pero de modo que la región renal coincida con la división de la mesa de operaciones. Se flexiona ligeramente la mesa al nivel de la cresta ilíaca, para que el elevador del cuerpo se pueda subir tanto como se desee, para aumentar el espacio entre las costillas inferiores y la cresta ilíaca. Se colocará una correa sobre la cadera para estabilizar al paciente. El brazo de arriba se apoya en un soporte de brazos. La pierna de abajo está más flexionada que la de arriba, situando una almohada entre las mismas. Esta posición se emplea sobre todo en intervenciones de riñón, ya que se consigue elevar el punto quirúrgico. Efectos de la inmovilidad en el cuerpo La inmovilidad de los pacientes tiene ciertos efectos adversos. Las consecuencias de estos efectos adversos pueden medirse de forma clara a través de ciertos signos físicos pero, es de conocer, que la inmovilidad en sí misma tiene también ciertos efectos a nivel psicológico que muchas veces son más complicados de determinar.
  Los principales efectos adversos de la inmovilidad pueden detallarse en:

a) Disminución de la fuerza y tono musculares, disminución del tamaño de los músculos.

b) Disminución de la movilidad y flexibilidad articulares.

c) Limitación de la fortaleza e intolerancia a la actividad
.
d) Desmineralización ósea.

e) Falta de coordinación y alteración de la marcha
.
f) Disminución del esfuerzo respiratorio e incremento de las secreciones respiratorias con atelectasias y congestión respiratoria.

g) Incremento de la carga de trabajo al corazón, hipotensión ortostática, trombosis venosa
.
 h) Alteración de la circulación y maceración cutánea. 

i) Disminución del apetito, estreñimiento.

j) Estasis urinaria, infección.

k) Alteración de los patrones del sueño, dolor, depresión, ira, ansiedad.










Plan de cambios posturales:
Las personas en situación de dependencia pueden estar largos periodos de tiempo con un gran sedentarismo e incluso inmovilismo, por lo que hay que proteger las zonas de riesgo en donde se pueden provocar úlceras por decúbito, estas zonas de riesgo se extienden, sobre todo, en las zonas de prominencias óseas. Se cree que los cambios posturales son necesarios para prevenir la aparición de úlceras por presión y que, además, ayudan a mejorar la función cardiovascular y respiratoria y evitan la rigidez articular y la flacidez muscular. Una reciente revisión realizada por la Cochrane (2014) resume que las pruebas para apoyar la administración del cambio de posición para prevenir las úlceras de decúbito tienen un volumen pequeño y de baja calidad, y aún no se conoce si posiciones o frecuencias particulares de cambio de posición reducen su aparición. Es importante resaltar que esta falta de pruebas acerca de la efectividad del cambio de posición, o de qué régimen de cambio de posición es el mejor, no significa que el cambio de posición no sea eficaz; y ante la falta de evidencia al respecto, seguiremos llevando a cabo esta práctica de la forma habitual. Así, los expertos recomiendan que si la persona se encuentra en situación de dependencia:
a) Si puede colaborar y está encamada durante todo el día, se deben realizar los cambios posturales cada hora.
 b) Si puede realizarlos de forma autónoma, hay que pedirle que los realice más a menudo. 
c) Si no puede colaborar, hay que hacerlos cada 2-3 horas. 
d) Hay que tener cuidado al hacer los cambios posturales, ya que se pueden provocar úlceras por el roce o hematomas por golpes. Recordar que nunca hay que arrastrar a la persona sobre la cama.
 Mantener la cama limpia, seca y sin arrugas. 
f) Se debe airear la habitación.
 g) Mantener la alineación corporal
. h) Distribuir bien el peso de la persona con la ayuda de almohadas y/o protecciones.



















lunes, 19 de agosto de 2019

                                                                CUIDADOS 

  1. Tener en cuenta las consideraciones generales de ayuda en la alimentación oral
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2. Lavarse las manos.

3. Explicar al paciente el procedimiento que vamos a seguir.

 4. Valorar el nivel de conciencia del paciente e identificar alguna limitación física, de la agudeza visual o auditiva. Si el paciente utiliza dispositivos auxiliares para la audición, anteojos o dentadura, se le proporcionarán según sea necesario.

 5. Lavar las manos del paciente o ayudar en este procedimiento, según el caso.

 6. Ayudar al paciente a colocarse en una posición cómoda: sentado en una silla o en la cama o elevar el cabecero de la cama 90º, según el caso.

 7. Colocar un empapador o toalla sobre el paciente, si así lo desea.

8. Si es posible, sentarse frente al paciente mientras consume los alimentos.

9. Ayudar al paciente en función de sus necesidades (cortar la carne, abrir la tapa de los recipientes, etc.). Si el paciente puede, se le pide que sostenga los alimentos con sus manos y se alimente tanto como sea posible.

10. Conversar con el paciente durante este procedimiento. La conversación convierte la comida en un momento más placentero y favorece la relajación.

11. Dar tiempo suficiente al paciente para que mastique e ingiera los alimentos. El paciente podría necesitar reposo por periodos breves durante la alimentación.

12. Proporcionar bebida a lo largo de la comida.

 13. Cuando se complete el consumo de alimentos, retirar la bandeja de la habitación, poniendo atención a la cantidad y tipo de alimentos consumidos. Observar también el volumen de líquidos ingeridos. Retirar la mesa de cama.

14. Ayudar al paciente en el lavado de manos y la higiene bucal si así lo desea.

15. Retirar el empapador o toalla si se utilizó para la protección del paciente

. 16. Colocar la cama en una posición cómoda para el paciente

. 17. Elevar la barandilla lateral si se hubiera bajado anteriormente.

18. Lavarse las manos.

 19. Registrar la actividad y la cantidad de alimentos y líquidos ingeridos.


Consideraciones 


especiales Para pacientes con artritis en las manos, se cuenta con utensilios especiales con mangos modificados, que facilitan sostener los cubiertos. Los pacientes con trastornos visuales pueden guiarse para que se alimenten con el uso de un patrón como «las manecillas del reloj». Para pacientes con disfagia, se sugieren bocados pequeños de alimentos, se recomienda que el paciente no hable mientras deglute y que intente deglutir dos veces después de cada bocado. La utilización de una pajita potencia el riesgo de aspiración, ya que el paciente disfágico controla en menor medida la cantidad de líquidos que debe ingerir. En pacientes con hemiplejía se debe insistir en que mastiquen por el lado no afecto. 
  Cuidados básicos de enfermería


- Se debe tener en cuenta que los pacientes con sensibilidad al látex pueden desarrollar reacciones alérgicas de carácter grave frente a ciertas proteínas de origen vegetal. Algunos alimentos presentan reactividad cruzada con el látex (aguacate, plátano, papaya, avellana, kiwi, patata y tomate). Los pacientes alérgicos a estos alimentos pueden serlo también al látex y viceversa    




















                       

CUIDADOS DE ENFERMERÍA

 Valoración nutricional 


El National Institute for Health and Clinical Excellence (nice, 2006) recomienda que «el cribado de desnutrición debe ser realizado en todos los pacientes ingresados» y que «deber ser repetido semanalmente». En España, sólo el 18 % de los hospitales realizan el cribado nutricional de forma sistemática, a pesar de que en algunos estudios, la prevalencia de desnutrición en pacientes hospitalizados asciende en ocasiones hasta el 50 % (Martín Peña et al., 2005). La valoración nutricional es aquella que permite conocer si los pacientes presentan estados carenciales o de exceso de determinados nutrientes. Realizar una valoración D. Mena / V. M. González / A. Cervera / P. Salas / M. I. Orts - ISBN: 978-84-16356-30-0 36 Cuidados básicos de enfermería - UJI - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Sapientia108 temprana del riesgo de desnutrición al ingreso del paciente permite establecer medidas que pueden ayudar a disminuir complicaciones asociadas como infecciones, lesiones por presión, retrasos en la cicatrización de las heridas, e incluso disminuir días de estancias (Leandro Merhi et al., 2007). Uno de los principales problemas a la hora realizar esta valoración reside en la falta de una herramienta válida y sencilla que permita establecer, de forma fehaciente, si existe riesgo de desnutrición o no, en los pacientes hospitalizados. Otros problemas relacionados con la valoración del riesgo de desnutrición son la falta de formación de los profesionales de la salud o la presión asistencial. Se propone un método multidimensional de valoración del riesgo de desnutrición basado en tres herramientas. Por ello, debe considerarse el uso de diferentes métodos (Consellería de Bienestar Social, 2004):
a) Factores que pueden estar afectando a la alimentaciónse recogen determinados factores que pueden afectar al estado nutricio de una persona y que deberán ser tenidos en cuenta en una primera valoración y a lo largo de la relación terapéutica mantenida con los pacientes. La mayoría de estos factores no son modificables desde la atención especializada, pero es conveniente que se reflejen en la historia del paciente para asegurar la continuidad asistencial. Factores que pueden afectar al estado nutricio Estado socio económico. Factores psicosociales (significado de la comida). Enfermedades que incluyen mala absorción. Edad. Cultura. Enfermedades que pueden afectar el deseo de consumir alimentos. Enfermedades que incluyen limitaciones físicas, debilidad o fatiga. Disfagia. Tabla 2. Factores que pueden afectar el estado nutricional. Fuente: Elaboración propia
 b)
Signos y síntomas clínicos: las alteraciones nutricionales provocan modificaciones en nuestro organismo que pueden ser observadas durante la exploración física o detectadas a través de la entrevista. Estas alteraciones pueden observarse en la tabla 3. Este método resulta sencillo de aplicar, pero debe manejarse con mucho cuidado, ya que muchos de estos signos y síntomas pueden ser provocados por enfermedades, de modo que la alteración nutricional sería una consecuencia de una enfermedad, y no un problema de salud en sí









. Interacción entre los medicamentos y los nutrientes:

 Las interacciones entre medicamentos y alimentos no se detectan con tanta facilidad como las interacciones entre unos medicamentos y otros, sin embargo su frecuencia potencial es mucho mayor, ya que los alimentos son, con gran diferencia, las sustancias que más se asocian con la administración de medicamentos. Una interacción entre un nutriente y un fármaco puede definirse como:
a) La modificación de los efectos de los nutrientes por la administración anterior o simultánea de un medicamento
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b) La modificación de los efectos de un medicamento por la administración anterior o simultánea de un nutriente. En toda interacción hay, pues, un fármaco o nutriente cuya acción es modificada y otro u otros que actúan como precipitantes o desencadenantes de la interacción. En algunos casos es bidireccional. En la tabla 7 se muestran algunas de estas interacciones y cuáles son las recomendaciones para evitarlas.

. Procedimiento de ayuda en la alimentación oral 

Las bandejas de comida llegan a la unidad en unos carros térmicos o en propias bandejas térmicas, identificadas, cada una de ellas, con el número de habitación del paciente y un código asignado según la dieta. Algunas personas precisan asistencia al comer: ancianos, discapacitados (por ejemplo, pacientes invidentes, tetrapléjicos, etc.), aquellos que deban permanecer en decúbito supino, etc.









 Consideraciones generales de ayuda en la alimentación oral:

 Entre las consideraciones generales que debemos tener presentes y que nos servirán tanto para los pacientes que asistimos con la labor de alimentarse como para los totalmente independientes en esta área podemos distinguir: 1. Respetar los horarios de las comidas sin que existan interferencias por visitas (médicas u otras). 2. Asegurarse que las condiciones de higiene de la habitación son las adecuadas antes de pasar con la bandeja:
 a) Vigilar los olores.

 b) Que haya una buena iluminación.

 c) Que el mobiliario destinado a depositar la bandeja de comida esté limpio y despejado de objetos.

3. Confirmar el tipo de dieta prescrito, así como las posibles restricciones por razones médicas, de
índole cultural o social (cerdo en los musulmanes, ternera en los hindúes, etc.), o de preferencias o gustos del paciente. D. Mena / V. M. González / A. Cervera / P. Salas / M. I. Orts - ISBN: 978-84-16356-30-0 45 Cuidados básicos de enfermería - UJI - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Sapientia108 4. Verificar si el paciente es diabético y si precisa control glucémico previo a la ingestión de alimentos. Verificar que el paciente no tenga programado algún estudio diagnóstico o de laboratorio que pudiera influir en los alimentos que va a consumir. 5. Comprobar que el interior de la bandeja corresponde con la dieta pautada y que dispone de los utensilios necesarios, cubiertos, servilleta, etc. 6. Se repartirán las bandejas de comida en primer lugar a los pacientes que no precisen de ayuda para comer, cuidando de que estos tengan todo a su alcance, y después las de los pacientes que sí que la precisen. 7. Al finalizar la comida se retirarán las bandejas de las habitaciones, depositándolas en el carro de nuevo, para que el personal de cocina lo retire todo de la unidad. 8. Se comprobará la cantidad de comida ingerida por cada paciente y se anotará en su gráfica para cumplimentar el balance, así como cualquier incidencia






5. Asistencia a un paciente con la comida


En especial, las personas muy jóvenes o personas de edad avanzada, como aquellas con artritis en las manos, pueden tener ciertas dificultades para abrir frascos de jugo, por ejemplo. También, los pacientes con parálisis de las manos o con demencia avanzada pueden ser incapaces de alimentarse por sí mismos. Para ellos es necesario que el enfermero proporcione la asistencia necesaria. Esta competencia con frecuencia se delegará a las auxiliares de enfermería. Sin embargo, el enfermero es responsable de la valoración inicial y continua de las complicaciones potenciales para el paciente relacionadas con la alimentación. Antes de delegar esta actividad, es fundamental que el enfermero se asegure de que el auxiliar de enfermería está capacitado para observar cualquier dificultad en la deglución y que conoce las precauciones para la bronco-aspiración.
 Procedimiento:

 Material necesario Bandeja con la comida:
, toalla, vaso, cubiertos, mesa de cama, dieta prescrita, cañitas flexibles, servilletas, empapador y registros de enfermería para dejar constancia de la actividad al finalizar. 4.6.2.Identificación de resultados esperados y planificación El resultado esperado se logra cuando se ayuda al paciente con la alimentación y este consume del 50 al 60 % del contenido de la bandeja de alimentos. Otro resultado que se podría lograr es que el paciente no presente bronco-aspiración durante la comida. Además, el resultado deseado se logra cuando el paciente expresa que el consumo de alimentos es apropiado.











CUIDADOS DE ENFERMERIA

                                                           Responsabilidad legal


A nivel internacional, son varios los informes que ponen en evidencia la calidad de los cuidados que reciben los pacientes en los hospitales (Francis, 2013), los efectos adversos ligados a la hospitalización (Kohm et al., 1999; Ministerio de Sanidad y Consumo, 2006) o plantean una serie de medidas para mejorar la calidad de los cuidados (Institute of Medicine, 2010; Garling, 2008). En todos estos informes se observa la presencia de los cuidados básicos, de un modo más o menos directo, como un aspecto fundamental de los cuidados de enfermería y su relación con la calidad de la asistencia, en cuanto a satisfacción y seguridad de los pacientes. Existen sobrados motivos para afirmar que los profesionales de enfermería tienen una responsabilidad para con los cuidados básicos de las personas que atienden, aunque estos se deleguen en otros profesionales, pero ¿qué dice la legislación al respecto? En España, la Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de Ordenación de las Profesiones Sanitarias expone en su artículo 7 que:

1. Corresponde, en general,

a los Diplomados sanitarios, dentro del ámbito de actuación para que les faculta su correspondiente título, la prestación personal de los cuidados o los servicios propios de su competencia profesional en las distintas fases del proceso de atención de salud, sin menoscabo de la competencia, responsabilidad y autonomía propias de los distintos profesionales que intervienen en tal proceso.

 2. Sin perjuicio 
de las funciones que, de acuerdo con su titulación y competencia específica corresponda desarrollar a cada profesional sanitario, ni de las que puedan desarrollar otros profesionales, son funciones de cada una de las profesiones sanitarias de nivel Diplomado las siguientes:







a) Enfermeros: corresponde a los Diplomados universitarios en Enfermería la dirección, evaluación y prestación de los cuidados de Enfermería orientados a la promoción, mantenimiento y recuperación de la salud, así como a la prevención de enfermedades y discapacidades. Por otra parte, la Orden cin/2134/2008, de 3 de julio, por la que se establecen los requisitos para la verificación de los títulos universitarios oficiales que habiliten para el ejercicio de la profesión de enfermero, establece las competencias que deben ser adquiridas; entre ellas, pueden destacarse las siguientes:
 a) Identificar, integrar y relacionar el concepto de salud y los cuidados, desde una perspectiva histórica, para comprender la evolución del cuidado de enfermería.

 b) Aplicar el proceso de enfermería para proporcionar y garantizar el bienestar la calidad y seguridad a las personas atendidas

. c) Dirigir, evaluar y prestar los cuidados integrales de enfermería al individuo, la familia y la comunidad.

 d) Conocer las alteraciones de salud del adulto, identificando las manifestaciones que aparecen en sus distintas fases. Identificar las necesidades de cuidado derivadas de los problemas de salud. Analizar los datos recogidos en la valoración, priorizar los problemas del paciente adulto, establecer y ejecutar el plan de cuidados y realizar su evaluación. Realizar las técnicas y procedimientos de cuidados de enfermería, estableciendo una relación terapéutica con los enfermos y familiares. Seleccionar las intervenciones encaminadas a tratar o prevenir los problemas derivados de las desviaciones de salud. Tener una actitud cooperativa con los diferentes miembros del equipo.
 En ambos textos se describe la responsabilidad de los profesionales de enfermería con respecto a la valoración, planificación, ejecución y evaluación de los cuidados. Es evidente que al hablar de cuidados se incluyen tanto los cuidados básicos como los derivados de la realización de técnicas más complejas. El hecho de que los cuidados básicos se deleguen a otros miembros del equipo de cuidados (auxiliares de enfermería, celadores, etc.) no significa que no sean responsabilidad de enfermería.








Cuidados básicos basados en la evidencia :


Introducción Se define la investigación científica como un intento de incrementar la suma de lo que se conoce, usualmente referido como cuerpo de conocimientos, mediante el descubrimiento de nuevos hechos y relaciones a través de un proceso de indagación sistemática y científica. Una definición más exhaustiva es la de Kerlinger (1975): «La investigación científica es una investigación sistemática, controlada, empírica y crítica, de proposiciones hipotéticas sobre las supuestas relaciones que existen entre fenómenos naturales». Esta definición aporta sobre la anterior la presencia de dos notas características de la investigación científica, como son su carácter crítico, antidogmático y el control que preside todo su proceso para excluir el mayor número de explicaciones rivales. Sin embargo, no está exenta de problemas, el principal: excluye la investigación con fines exploratorios, descriptivos, predictivos y evaluativos. Es llamativo conocer que el término investigar en enfermería es un concepto que no se define con frecuencia, de forma que muchos textos de investigación en enfermería pasan de largo ante este punto. Aun así, podemos encontrar diversas definiciones desde el año 1965. Estas definiciones van añadiendo características a medida que se va desarrollando dicho concepto de investigación en enfermería, aspectos como por ejemplo la salud, la promoción y la calidad de vida o la práctica enfermera que pone especial énfasis en la educación y la gestión. En el año 1992 Notter y Hott realizaron la siguiente definición: «Investigación sistemática de la práctica de la enfermería y del efecto de su práctica en el cuidado del paciente, de la familia o la comunidad». Esta definición aporta por sí misma la connotación reseñada de la práctica enfermera, sin distinción desglosada de dicha práctica. Por lo tanto, se entiende que cualquier actividad de enfermería, sea de la índole que sea, incluida la educación y la gestión o administración, se incluye comúnmente en el término general de investigación en enfermería. Talbot, en el año 1995 describe el concepto de investigación en enfermería como crear y mantener una sólida base científica para la práctica de la enfermería. Esto se logra mediante la generación y validación de conocimiento que promueva mejores resultados en los cuidados de los pacientes. En esta definición podemos añadir, de forma distintiva al resto, la referencia al método científico como método para crear dicha base para la práctica enfermera. D. Mena / V. M. González / A. Cervera / P. Salas / M. I. Orts - ISBN: 978-84-16356-30-0 30 Cuidados básicos de enfermería - UJI - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Sapientia108 Tres son las cuestiones más relevantes que se extraen de estas definiciones. En primer lugar, la investigación en enfermería debe dirigirse a cuestiones relevantes para los profesionales y debe desarrollar un cuerpo único de conocimientos para la práctica de enfermería. En segundo lugar, se encuentra la diferenciación del foco de la investigación, iniciada por Notter y Hott, e implícita en la mayoría de las definiciones con distinto grado de importancia. Por un lado, encontraríamos la investigación centrada en cuestiones relacionadas con la educación, administración, servicios de salud, etc., que repercuten indirectamente en la práctica de enfermería. Y por otro lado, encontramos la investigación relacionada directamente con la práctica de enfermería, que estudiaría la mejora de los resultados en los cuidados del paciente, familia o comunidad. En tercer lugar, la dimensión interdisciplinaria de la investigación queda reflejada de manera explícita, ya que existen aspectos del cuidado del paciente que están relacionados con otras disciplinas. De esta forma, podemos distinguir dos prioridades básicas de la investigación en enfermería:

a) Necesidad de desarrollar conocimiento para sostener la práctica.

b) Necesidad de salvar la separación entre la práctica y la investigación; de forma que los hallazgos de la investigación sean canalizados a la práctica.

Etapas del proceso de investigación Llegados a este punto, conocer las etapas del proceso de investigación se hace sustancial. Así, al desarrollar una investigación, las etapas que componen la misma son: a) Fase conceptual: formularíamos y delimitaríamos el problema que queremos tratar. Realizaríamos una revisión de la literatura, crearíamos el marco teórico sobre el que vamos a trabajar y formularíamos los objetivos, preguntas o hipótesis. b) Fase de diseño y planificación: en esta segunda fase estableceríamos lo que se conoce como plan metodológico. En él se especificaría el diseño de investigación; la población y muestra que van a formar parte de nuestro estudio; las variables que vamos a tratar y considerar para el estudio; los métodos a emplear para la obtención de datos (por ejemplo si vamos a usar una encuesta) y revisar el plan y ejecutar un estudio piloto si es necesario. c) Fase empírica: en esta etapa es donde se pondría en marcha todo lo establecido en la segunda fase. De esta forma, aquí se llevaría a cabo la recogida de datos y, además, se revisaría y prepararían los datos para su análisis. d) Fase analítica: tras preparar los datos para su análisis, se explotarían los mismos para intentar extraer el máximo partido de ellos, dando también D. Mena / V. M. González / A. Cervera / P. Salas / M. I. Orts - ISBN: 978-84-16356-30-0 31 Cuidados básicos de enfermería - UJI - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Sapientia108 interpretación a los resultados obtenidos y elaborando aportaciones propias a los mismos. Este proceso se llevaría a cabo en esta fase. e) Fase de diseminación: en esta fase se lleva a cabo la comunicación de los resultados, tras conocerse, pueden ser usados en la práctica si son de tal relevancia que impliquen cambios notorios en la misma. Esta es la fase donde vamos a centrar nuestra atención durante esta exposición, debido a que nuestro objetivo hoy aquí es aplicar la investigación a través de la pbe y para aplicar dicha investigación deberemos conocer previamente cómo se disemina o difunde y cómo acceder a la misma. No podemos proseguir, por tanto, sin definir la utilización misma de la investigación, dando por entendido que se trata de un proceso complejo con rasgos políticos, organizacionales, socioeconómicos y actitudinales, por el que se incorporan los hallazgos o innovaciones a la práctica. Como se puede apreciar en esta definición, la utilización de la investigación no viene delimitada únicamente por lo que podríamos denominar coloquialmente como «tener ganas» (ganas por parte del profesional de buscar, de averiguar, de preocuparse, de indagar) sino que esta utilización viene determinada por una serie de factores en los que ahondaremos y profundizaremos, para tratar de ser más conscientes de las variables que nos rodean y que favorecen o dificultan la llegada de la investigación a la práctica diaria en enfermería. En este proceso complejo del que tratamos, tenemos que ser conscientes que hay autoras como Christine Hancock, secretaria general del Royal College of Nursing of The United Kingdom, que en el año 1993 vertía sus opiniones acerca de la relevancia y la utilidad de investigar en enfermería y aportaban que «el progreso se desplomará si la profesión no se renueva ni se fortalece continuamente con nuevo conocimiento y nuevas ideas derivadas de la investigación». Así, observando y analizando lo que diferentes autores aportan al respecto, podemos resumir que todas estas declaraciones inciden en: a) la importancia fundamental de la investigación para el desarrollo de una profesión autónoma, b) la necesidad de ejercer una práctica (incluida la gestión y la educación) fundamentada científicamente y validada por la investigación, c) la necesidad de que los hallazgos de la investigación sean diseminados y utilizados, d) algunos autores enfatizan que la investigación no debe contemplarse como algo extraordinario o un lujo, por si quedase todavía alguna duda. Existe, por consiguiente, un elevado grado de acuerdo sobre la relevancia de la investigación y la finalidad de la misma. Por desgracia, la incorporación de la investigación a la práctica clínica, depende de muchos factores, unos podremos controlarlos de forma individual y otros no. Pasamos ahora a ahondar en esos determinantes de la utilización de la investigación. En diversos estudios se determinan que las características organizacionales explican entre un 80 y un 90 % del total de la varianza, mientras que los factores